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¡Shana Tova! Año nuevo judío
septiembre 18, 2009, 3:35 pm
Filed under: Relatos de un turista local

Se concreta otro Año Nuevo Judío. Según los libros sagrados, el 5770. En esta oportunidad, el Rosh Hashana (cabeza del año) comienza el viernes 18 por la tarde e inaugura una semana de festejos que concluye con el Día del Perdón, el 27 y 28 de septiembre.
En Buenos Aires, esta celebración no pasa inadvertida. Sobre todo en algunos de los barrios porteños, donde la colectividad judía resulta particularmente numerosa.
Tal es el caso de Almagro y Villa Crespo, donde el fenómeno se despliega a través de un corredor de aproximadamente treinta cuadras de la avenida Corrientes. Allí, en cada noche de Rosh Hashana se modifica la escenografía. El habitual ritmo frenético de hombres y mujeres que desean regresar a casa luego de la faena cotidiana, se mezclan con familias vestidas de punta en blanco que van a la casa de parientes o amigos del alma. Parejas de abuelos -bobes y zeides- a los que no les alcanzan las manos para cargar el guefilte fish o los farfalej que fueron cocinados durante toda la tarde anterior como si fuera para la última cena.
El observador atento también podrá ver jóvenes y no tanto que, a paso apurado, regresan de la ceremonia de alguna de las sinagogas que se reparten por la geografía de estos barrios, sobre todo en Villa Crespo.
El ritual se extiende hasta las 21 horas aproximadamente. A partir de allí, la noche parece igual a las anteriores. Claro que la metamorfosis urbana vuelve a producirse pasada la medianoche. Es el momento, seguramente luego de una opulenta cena –depende la familia, con o sin simbología y rituales religiosos- del regreso a casa, con la satisfacción de haber cumplido, como ya lo han hecho centenares de generaciones en la diáspora, con el deber legado por los antepasados. Shana Tova. Feliz año nuevo para todos.

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Mucho más que un Puerto
abril 17, 2009, 4:52 pm
Filed under: Relatos de un turista local

Por F.B.


Imagen: Néstor Beremblum

Feriado en la ciudad. Es una tarde soleada, con una atmósfera limpia, inmejorable.
Decido pasear por Puerto Madero. Hace tiempo que no voy por allá, dos años quizás. Cuando llego, me doy cuenta de que la zona más cotizada de Buenos Aires está igual de bella, moderna y plena que cuando la abandoné la última vez.
Miro a la gente que recorre sus calles, la vera del río, los puentes. Veo turistas que beben lujosos vinos en bares lujosos y que se codean con vecinos que, termo y mate en mano, gasolean la tarde escapando de sus funcionales departamentos de contados metros cuadrados. Jóvenes y no tanto en rollers, nativos del barrio con ropa deportiva, más turistas saboreando, bajo el sol, el “auténtico bife de chorizo argentino”.
Me siento en un banco y trato de recordar cómo era este lugar hace veinte años, antes de que se convirtiera en Puerto Madero. Es decir, cuando Buenos Aires negaba su existencia, quizás, porque su cercanía con el río demostraba cabalmente nuestra distancia con la idealizada Europa .
Pero no recuerdo bien cuándo se produjo esta metamorfosis que convirtió a Puerto Madero en sinónimo de lujo, sofisticación, objeto deseado por propios y extraños.
Ya de vuelta casa decido no darle más vueltas al asunto. Es que Puerto Madero es así: fascina con su imponencia, inhibe el pensamiento y, sobre todo, la memoria.

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WiFi y un cortado
octubre 23, 2008, 2:34 pm
Filed under: Relatos de un turista local

Hace unas pocas tardes paseaba por una plaza del viejo barrio La Paternal. A metros de allí –en la esquina de Juan B. Justo y Boyacá- se encuentra uno de esos bares tan típicos de Buenos Aires: una barra de madera larga, alrededor de quince mesas y un par de mozos que conocen a casi todos los comensales, que se repiten día a día.
Como tantos otros cafés, aquel sitio resulta sinónimo de encuentros y charlas con amigos, de lectura de diarios e improvisadas plateas para ver partidos de fútbol.
Decía que andaba, casi distraído, por allí, cuando llamó mi atención que, al lado de la lista de precios, el cartel con cuatro letras -“wi-fi”- le anunciaba a lo vecinos que los nuevos tiempos habían desembarcado en el barrio. Y no sólo ahí.
Es que los tradicionales bares de cada punto de la ciudad, y ya no sólo los de Recoleta, San Telmo y Palermo, tal como sucedía hasta hace un año, se están convirtiendo ahora en oficinas de paso para los usuarios de notebooks que aumentan diametralmente
Firmas de contratos, estrategias de ventas y reuniones de trabajo son algunos de las tareas laborables que se despliegan cotidianamente en uno de los escenarios más entrañables de nuestra Buenos Aires. Una tendencia, claro, que los nostálgicos miran con recelo y resignación.

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